Reflexiones a partir de Tesis (Amenábar, 1996)
Tesis, la película (Amenábar, 1996) la había visto hace un montón de años, cuando todavía era adolescente y no me ocupaba aún del cine, ni de la comunicación, tampoco del periodismo. Era el año 2000, más o menos, y recuerdo que vi la película con más morbo que inteligencia. Se hablaba mucho de ella en aquel entonces y la alquilé con mi noviecito de la época, en Medellín, para verla uno de esos sábados en los que, como para cualquier parejita adolescente, cualquier tarde cinematográfica es pretexto para un par de horas de besos.La verdad es que el contexto no importa mucho, lo cierto es que no me enteré de qué iba realmente la película. Recuerdo más la escena con David –así se llamaba el noviecito- que las secuencias de Amenábar que se desarrollan en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.
Y traigo todo esto a colación pues hoy he vuelto a ver la película y, aunque no me ha descrestado como a tantos, sí me ha suscitado un par de reflexiones sobre la violencia audiovisual en el entorno –la misma preocupación de la protagonista del filme que sostiene el argumento- y las consecuencias que ésta genera en sus espectadores.
La primera reflexión tiene que ver con ese tipo de violencia en si misma, esa que se nos mete todos los días por debajo de la puerta con el periódico y a nuestra habitación por el televisor. “Al público hay que darle lo que quiere ver”, es la frase la dice el profesor de audiovisuales en el filme, que es la misma que emplean directores, productores y realizadores cuando se les indaga por las imágenes de sexo y sangre en horario triple A. Yo me pregunto, ¿no sería mejor educar primero a las audiencias? Yo es que estoy segura de que la gente no es conciente de lo que pide. O lo que es peor, no lo pide, simplemente lo consume porque no cree tener la fuerza para exigir nada distinto. Tampoco sabe cómo hacerlo.
“La violencia es algo cotidiano en el cine y en la televisión y nos estamos acostumbrando a ella” dice Ángela, la protagonista de Tesis, y lo grave es que no sólo nos acostumbramos, sino que la reiteración de la tragedia es el más poderoso sedante para los ciudadanos. Pasa en Colombia con los muertos que deja el conflicto, en España con la violencia de género y las muertes en carretera, en Estados Unidos con la guerra de Irak y en Israel con los muertos en la franja de Gaza, por citar algunos ejemplos. Nos acostumbramos a tal punto a que aquello suceda que ya a la mayoría le da un poco igual y “pasa” de ello.
Entonces, de ahí mi segunda reflexión. ¿Acaso no sucede lo mismo con la estupidez, el lugar común y la ramplonería que inundan las pantallas de cine, de televisión, la música, la radio y las librerías? ¿Y no es claro que la mayoría siguen prefiriendo las telenovelas, los libros de autoayuda y la prensa rosa o amarilla? Basta preguntarle a un “creativo” por la falta de contenidos de calidad y utilizará la misma excusa que con la violencia: “al espectador hay que darle lo que quiere ver”. Y lo que es preocupante es que sean tan escasos los que se dan cuenta de que a golpe de tonterías no sólo se dopa nuestra capacidad de reacción y reflexión ante la violencia sino que nos idiotiza para convertirnos en consumidores de basura. Y no es que crea que estoy descubriendo América, ya sé que esto lo han dicho los teóricos de masas, los sociólogos, intelectuales y hasta uno que otro periodista. Pero mi sorpresa está en que prácticamente nadie se entera y, lo que es peor, prefieren, los más, seguir en el letargo.
La película de Amenábar se cuestiona, a través de una presentadora de televisión, si efectivamente hay un mercado para las películas snuff, aquellas que graban asesinatos y torturas reales con fines comerciales. Sin embargo, cuestionar ese mercado es lo fácil, pero que existan consumidores para la porno-miseria que nos venden los medios de comunicación no es sólo preocupante sino por demás aberrante. Para no ir muy lejos, ahí el número de visitas a la fotografía del cadáver de Raúl Reyes que le dio la vuelta al mundo más rápido de la que hubiera soñado cualquier Julio Verne, o la proliferación de videocasts con la muerte en la horca de Sadam Hussein, de la imagen de Pablo Escobar muerto en un tejado o la más reciente del guerrillero Iván Ríos con el tiro de gracia en la mitad de la frente que a traición le dio uno de sus guardaespaldas.
¿Qué responsabilidad cabe entonces pasa los medios de comunicación en este tipo de violencia contemporánea, la audiovisual, y en el soporífero sueño del que no parece despertarse casi nadie? ¿a quién se le piden cuentas por las grietas en el pensamiento colectivo que no se está preguntando por la dinámica de una guerra que paga la traición con 5 millones de dólares, una juventud que crece pensando que las guerras se solucionan con más plomo y unos niños que, como comentaba un columnista en estos días, juegan en los jardines de sus casas a ser guerrilleros y paracos, donde el flaco hace de Mancuso y el gordito de Jojoy?
Entonces, la Película de Amenábar me parece inteligente justamente porque al final se atreve a plasmar la sonrisa irónica de los medios cuando para justificar su desmesura utilizan su consabida advertencia: LAS IMÁGENES QUE SE VERÁN A CONTINUACIÓN PUEDEN HERIR LA SENSIBILIDAD DEL ESPECTADOR” y, sin embargo, ahí las seguimos viendo todos los días (ya muchos, incluso, omiten la advertencia). ¿Y Será que todavía queda alguien a quien todavía puedan herirle la sensibilidad?












5 COMENTARIOS:
Tienes razón. "Herir la sensibilidad". Imágenes palabras: vivimos en un complejo mundo semántico. Esta reflexión que haces me sirve para mis investigaciones en teoría literaria. Gracias.
sin duda esta no es la mejor pelicula de Amenabar, pero sí esta bien construida; en ocaciones toca el umbral del Triller-psicologico y lo hace bastante bien...
Un análisis muy acertado. Me atrevo a añadir un elemento a tu reflexión: la atracción morbosa que ejerce en casi todos el horror. Saludos cordiales.
Detesto el cine de Amenábar... es un manierista, un imitador de estilos sin estilo propio, y Tesis... no es gran cosa...
:)
Saludos
Doctor,
Crítico de blogs
"Yo es que estoy segura de que la gente no es conciente de lo que pide. O lo que es peor, no lo pide, simplemente lo consume porque no cree tener la fuerza para exigir nada distinto."
No estoy de acuerdo con este postulado...me parece que el público no es una masa de seres descerebrados que va a ver lo que le ponen... hay gente que disfruta del suspenso, horror, sangre, historias de amor, peliculas históricas, musicales.. el público sabe lo que quiere ver y sabe elegir. Decir que no es consciente es ponerse en un lugar superior y creerse capaz de decidir por ellos/nosotros... aunque, solo es mi opinión.
Un Saludo
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