Juno (Jason Reitman, 2007)
Imagínese que es una adolescente de 16 que acaba de enterarse de que embarazada. Fue su primera vez. Ha ido tres veces a la droguería y las dos barritas que marcan el positivo en la prueba así lo demuestran. Es usted una niña medio rebelde, aunque no demasiado, lo que sí es en teoría es una de esas que toma la vida sin demasiados fatalismos.
Pero, si es hombre, entiendo que le cueste pensarse como embarazado, así que imagine que es un chico, también de 16, no el más popular del colegio, tampoco el rechazado, uno de esos que compite por medallas en el equipo de atletismo pero que, a su vez, puede aspirar a salir con la más linda de su clase.
Todo comienza en una silla. Ambos han acordado hacerlo, desde hace poco más de un año en la clase de español. No es muy claro quién de los dos ha tomado la iniciativa, lo cierto es que una noche en la que se conjuga la escena típica –casa sin papás, momento romántico, una cerveza de más- se han decidido. Usted, si es el chico, espera ansioso en el sofá de la casa de sus suegros, tan nervioso que le cuesta siquiera acariciarla y es probable que le diga: “he estado esperando esto mucho tiempo”. Pero si usted es ella, es entonces la que se para de frente y se quita las bragas creyendo que con eso dominará la situación –así suelen ser las mujeres a los 16, mucho más valientes, más lanzadas, cuando a quien tienen delante es a uno de su edad-.
Entonces, puede que no pase nada, como puede que sí. En este caso ella se llama Juno y él, Bleeker. Y esta vez sí ha habido consecuencias. Ahora, ella está sentada frente a la casa de su amigo en el mismo sofá en el que hace un par de meses... En fin, “So Guess what -le dice, cuando él se dispone a salir a trotar con sus compañeros del equipo de atletismo, embutido en una ridícula pantaloneta amarilla pollito- I’m pregnant”. Y, en lo sucesivo, el diálogo no se compone con palabras sino de silencio y un par de miradas, pocas de frente y muchas al piso.
Usted (él), con ojos a punto de salírsele al ritmo de su corazón trepidante y ella (usted), medio cínica, medio expectante...
Él: ¿What should we do?
Ella: well, I think I’ll just snip it in the bag before it gets worse… Él hace cualquier comentario que le da a entender que está de acuerdo con la situación y ella, mirándolo desconcertada, le dice: “So… you’re cool with that, then?
Él: I guess… do wha wha what ever you think… Ella se levanta entonces de la silla y monta su bicicleta rumbo al colegio, no sin antes volver para decirle: “Mmm, I’m sorry I’ve had sex with you. It wasn’t exactly your idea…”
Es así como trascurren los primeros 11 minutos de Juno, la película ganadora en la reciente edición de los Premios Óscar como Mejor guión original, aunque eso no signifique nada. Y es que el guión está bien no porque lo digan los Óscar (ya he aprendido a desconfiar de los premios) sino porque demuestra que cualquier tema, por obvio que sea, se puede tratar con inteligencia y sin moralismos.
El problema es que ahora quieran convertir a Juno en el gran paradigma de la adolescente embarazada, porque si algo no es ella es arquetípica: no encaja en ninguno de los modelos de teenager de escuela gringa en pueblito alejado de la gran ciudad, tampoco sus padres encajan en el cuadro y el desarrollo de su problemática es, como mínimo, singular, especialmente por la ausencia de dramatismos (la vemos llorar casi al minuto 70, cuando ya la historia ha tenido varios puntos de giro).
Ya lo decía su autora, diablo Cody, en una entrevista desde Los Ángeles: “Simplemente estaba escribiendo una historia personal sobre una chica, nunca pretendí hacer ningún tipo de manifiesto sobre el embarazo juvenil o nada de eso. No era político. Es simplemente la historia de Juno". Y no estoy diciendo con esto que no se pueda hacer cine, arte o literatura con ideología. No. Lo que discuto es que se encasille una buena película en un tópico tan reiterativo y gastado como lo es del embarazo adolescente. Aquí hay diálogos rápidos más que posturas morales, miradas sutiles más eficientes que un tratado sobre embarazo juvenil y, sobre todo, una solución al problema alejada de los tópicos, en la que es la adolescente (no exactamente sin sus padres pero sí con autonomía) la que decide.
Ahora dirán que es que me tomo con demasiada ligereza el tema de la maternidad precoz. Pero no, yo lo que estoy es hablando de cine.












7 COMENTARIOS:
Mi querida Juliana, creo que no solo debes hablar de cine. He estado tentado de ir a ver esta película, te aseguro que la sola idea de pensar en un embarazo adolescente me tira para atrás. Y estoy seguro que cuando la vea me pondré tierno y me gustará pero aprendamos ya que ninguna película, ni ningún libro, ni al fin ninguna obra de arte son solo forma.
Hace unos días hablábamos acá de tráilers, y debo decir que el de esta peli no le hace justicia. Es como insípido, aguado.
Oiga, Manolo, qué ganas de ponerle contenido a todo, de cargar pelis y libros con pesada ideología.
Ya ve don Camilo, uno que nació con ideas, incluso a veces se me ocurren algunas sobre quien hace al contrario que yo y desideologiza algo tan perverso como ver con cierta naturalidad y simpatia que una adolescente se preñe y dé continuidad a su embarazo. Por cierto aunque le parezca raro soy un optimista que anda intentando ser feliz pese a mis ideas.
Vengo de cine, recién desempacadito de ver Juno. Y no me tiren piedras (o háganle, pues, qué más da): ¡es la mejor que he visto en estos meses! Personajes cálidos, historia sencilla, sin dramatismos, divertida. Me encantó. ¿Qué más decir? Hace rato no pasaba tan rico sentado en una silla de cine. Ah, y un apunte que me fascinó: cuando Juno le cuenta a su amiga que está embarazada, ella, sorprendida, le responde: ¿me lo juras por tu blog? (ay, no más piedras, pasito).
Oiga, Mono, qué chévere que le haya gustado la película. Vos y yo que pocas veces coincidimos… Y Camilo, no vi el tráiler de esta película. Debe de ser entonces esa la razón por la que me decidí a verla… porque es lo que te decía en el otro post: hay que desconfiar de los cortos tanto como de las contraportadas de los libros.
Con respecto al comentario de Manolo: primero, explicar que mi postura está lejos de ser de “naturalidad y simpatía” frente al hecho de que “una adolescente se preñe y dé continuidad a su embarazo”. Para nada, mi intensión era precisamente lo contrario: abrir el debate frente a un tema que es muy complejo de enmarcar, precisamente porque no es arquetípico y debe tratarse con la singularidad que cada caso requiere. Insisto, y ahí mismo lo digo en el post: “El problema es que ahora quieran convertir a Juno en el gran paradigma de la adolescente embarazada”.
Y aquí voy a lo que comentaba con Manolo por fuera de este blog: es un pelín complicado el “efecto llamada” que esta película puede generar. Pero, a lo mejor, la clasificación que tiene, para mayores de edad, puede contrarrestar esta complicación.
Además es muy interesante que la película plantee una situación real, inquietante pero irrefutable, en la que Juno explora todas las posibilidades que exploraría cualquier adolescente en su situación: abortar, dar en adopción el bebé o tenerlo. Y las explora sin miradas trasversales, sin tabús, sin moralismos. Y a mí eso me parece como mínimo sensato, interesante y original, cuando estamos acostumbrados a un cine sensiblero y prejuicioso. Y no es que la película lo mire con trivialidad: la chica se cuestiona de una forma tan original (se le nota en las miradas, en los silencios, etc.) que parece que no lo hiciera. Eso es precisamente lo atractivo. Y la peli sí plantea una postura, aunque no lo parezca, y genera lo que generaría cualquier buena producción artística: que sea el espectador el que se cuestione y genere su propio concepto, sin darle todo mascadito.
Tres abrazos,
Juliana
el argumento me parece una huevada, pero la verdad que no la vi y uno puede sorprenderse de lo bien hecha que puede llegar a estar una película, incluso con un mal argumento, es algo que sucede muy a menudo si uno lo piensa... así que no hay nada que decir.
Hace falta verla y a callar.
Querida Juliana: siempre al día con la lectura entusiasta de tu blog, no lo estoy con los comentarios que a veces (aunque nos critiquen) tanto nos gustan a quienes escribimos. Por eso, para que sepas que estoy, que te leo, y que el entusiasmo no disminuye, te mando un beso desde una Buenos Aires que, por suerte, va dejando los calores detrás. Humber.
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