Pasiones griegas
Autor: Roberto Ampuero
Editorial: Planeta, 2006
Bruno Garza es, en términos generales, un hombre egoísta. Nunca se ha detenido a escuchar a su mujer, ha optado en un par de ocasiones por la infidelidad como escape a la crisis que atraviesa su matrimonio y ha omitido sistemáticamente la importancia del pasado doloroso de su esposa que, de alguna manera, ella no ha conseguido superar.
Una mañana, cuando Garza piensa que su relación ha sobrevivido a un largo período tormentoso, descubre que su mujer ha desaparecido. Fabiana –así se llama la esposa de este profesor suramericano de la historia del infierno y la utopía– le ha dejado a Bruno en su bandeja de correo electrónico un mensaje que dice: “Necesito tiempo y distancia para encontrarme a mí misma y disponer de mi vida. No es una decisión en contra tuya, sino a favor mío. Por favor, ni me llames ni me busques. F.”
Después de típicas elucubraciones sobre las posibles razones de la desaparición de su esposa (amante, accidente, secuestro, abandono), Garza decide, en su casa tranquila en el midwest americano, ir en busca de Fabiana y comenzar por el último destino de su mujer del que tiene noticia: Antigua de los Caballeros, en Centroamérica.
Y es justo ahí donde para el lector comienzan los problemas: no se produce ningún tipo de tensión ante la desaparición, aparecen todo tipo de anglicismos desafortunados (living, affaire, counter, desk, yellow cabs) y múltiples alusiones al infierno de Dante se tornan incómodas por lo impostadas. Entonces, la que podría ser una novelita negra entretenida y bien tramada, como en su momento lo fuera Los amantes de Estocolmo, también escrita por Ampuero, pasa a ser una narración plagada de oportunidades perdidas.
Me explico: la reflexión sobre la incomunicación entre parejas que termina por romper matrimonios se pierde entre la vaguedad de las cavilaciones de Garza sobre la infidelidad, cargadas con todos los tópicos de la vida en pareja ("no es amor sino apego a la costumbre"... "los matrimonios duran más que el amor", etc., etc.).
Tampoco son acertadas las descripciones de los lugares paradisíacos en los que la novela tiene lugar (Antigua, Guatemala, y Keratokampos, Grecia) por no ser lo bastante lúcidas y conmovedoras como para dar cuenta de toda la hermosura de estos sitios ni lograr que el lector pueda ubicarse allí. Esto, tal vez porque en lugar de describir enumera: “muros de enormes sillares, mesas de mármol, óleos enmarcados en yeso dorado, arcadas de medio punto, esculturas cubiertas de hiedra…” y es bien sabido que esto no tiene ningún poder evocador.
Asimismo, las ideas sobre el amor y el matrimonio son otra oportunidad perdida en cuanto se repiten con la anterior novela del autor y porque incurren en un montón de lugares comunes, sin contar con el recurso narrativo del diario de la mujer desaparecida que se cuela entre la reflexión y la búsqueda sin aportar nada a la narración porque carece de interés para el lector.
Ampuero desaprovecha, incluso, un giro de la trama que podría haberse convertido en motor de la novela: la desaparición de una vieja amante del profesor y la aparición de un detective privado que relaciona a la pareja protagonista con dicho misterio (Oliverio Duncan, para los conocedores de la obra del chileno), pasan de ser un punto de giro trascendental a una escena recurrente y hasta predecible, salvo un par de excepciones.
Lo que sí tiene esta novela es un erotismo muy bien logrado. Las evocaciones de Bruno Garza haciendo el amor con su mujer o sus amantes, la descripción de sus encuentros con Francoise en centroamericana o el sueño erótico y alucinado de un ménage à trois en las Islas griegas hacen que la narración se corresponda con el título. Sin embargo, esa sensualidad no la salva de ser un intento fallido de mezcla original entre misterio, infidelidad, amor y pasión. Una pena.
Decía al principio que Bruno Garza era un hombre egoísta. Y lo era. Mientras su mujer "se buscaba a sí misma" en un pasado doloroso intentando sanar viejas heridas, el profesor de Utopía e Infierno se bañaba en aguas cretenses acompañado de dos mujeres hermosas que deciden embarcarse con él en la aventura de la búsqueda de su esposa, y hace el amor con ellas justificándose en la idea de que él “era como un Ulises: a lo largo de la vida podía gozar del placer que le deparaban otras mujeres, aunque sin dejar de amar a su propia Penélope”...
Aquí dejo algunas frases del autor para discutir:
* ¿Qué es, entonces, el amor para un hombre? Porque para una mujer es la entrega total, sin condiciones ni excepciones, una decisión que no separa el sexo del amor
* No hay que confundir un matrimonio con felicidad. Por lo general, un matrimonio dura más que las causas que lo motivan
* …pensó, con pavor, en la cantidad de pasado que desperdician los hombres al no escuchar los relatos de sus mujeres, la infinitud de historias que formaban el artesanado de una pareja y que, por lo general, el hombre no registra
* Esa amnesia era un mecanismo de los hombres para alzarse con fortaleza, sin sensibilidad ni recuerdos, es decir una estrategia inconciente para ser invulnerables ante la vida. La memoria y la nostalgia debilitan al hombre
* Era una ingenuidad suponer que uno podía llegar a conocer a alguien en el lapso de los años, cuando uno era incapaz de conocerse a sí mismo a lo largo de toda la vida
* No existía una separación inocente, sin consecuencias, congelada en el tiempo, no existía un paréntesis en la vida de las parejas que no cobrara su precio… Usualmente uno hiere sin querer al otro con palabras, hechos, pensando que los malentendidos son accidentales, frutos de la casualidad, la incontinencia verbal y sexual. Lo que no se puede es vivir juntos por años sin cometer errores, sin ofender, sin herir, creyendo que todo lo malo se perdona y olvida. Tal vez, al final de lo que se trataba simplemente en un matrimonio era de no mortificar al otro en exceso, de no acosarlo ni cortarle las alas…
* Lo azoró que la infidelidad no dejara huellas en los cuerpos ni en los rostros. Tampoco las dejaba la traición
* El amor se sustenta en el presente y en el futuro. Los matrimonios en el pasado
* No podía olvidar que tras los encuentros con sus amantes en los hoteles y aeropuertos, el retornaba a casa con un sentimiento de fracaso y amargura con que todo adúltero regresa donde los suyos. La satisfacción del deseo iba acompañada siempre de un epílogo gris y prolongado, que terminaba por estrangular el recuerdo del placer.
* Los amores, para existir, necesitan ser corroborados por la memoria de los demás
* ...y descubrí que la definición misma de la felicidad era la de vivir en circunstancias que uno no canjearía por otras
* Nunca se amaba al otro, sino aquello que uno se imaginaba era el otro
* las mujeres atacan escapando
* El matrimonio es una maratón, y si te merece dudas antes de la partida, mejor ni casarse. Es como las naves que lanzan al espacio: si al despegar tienen una desviación de un milímetro con respecto al objetivo, al final yerran por miles de kilómetros.












13 COMENTARIOS:
Qué curioso: con todo y la reseña desfavorable, me quedaron ganas de entrarle a este libro de Ampuero. No sólo por la trama -aunque según parece se desaprovecha-, sino por las descripciones eróticas y las frases que pones aquí. Digo, hay unas muy bien logradas. ¡Habrá que ver!
"Las mujeres atacan escapando"
Cierto.
Sí, Mono, el libro, a pesar de todo, se puede leer, y de un tirón: no toma más de dos tardes o dos mañanas. La cosa está en saber si uno debe o no (quiere o no, según los intereses de cada cual) "perder" el tiempo de lectura con este tipo de libros (que no estoy segura de que puedan llamarse literatura y eso ya sería otra discusión).
De leer a Ampuero, yo te recomiendo mejor Los amantes de Estocolmo, aunque ahora, bien pensado, a lo mejor falla en lo mismo que éste y tal vez me gustó por el momento en el que lo leí. Si te gustan las frases de Pasiones griegas que colgué, mira las de Los amantes... que hace un año las puse también por aquí.
Y yo no estoy seguro de que uno "pierda" el tiempo leyendo, así sea el tan criticado Coelho el que tenga entre las manos. Pero ésa, como dices, ya es otra discusión.
En el Malpensante que circula a comienzos de febrero sale una sabrosísima vindicacion de los libros malos escrita por Joe Queenan. Los divide en estúpidos, metaestúpidos e inmorales, y para él son necesarios. A mí me cambió la visión de ciertas cosas.
En todo caso creo que paso de Ampuero. Las fracesitas que pones acá son, sí, para discutir, pero sobre todo me parecieron como obvias.
Ya entrados en la discusión, pues, aprovecho y pego aquí un fragmento de "Gente de libros, gente de cine", escrito por Michael Blowhard en una Malpensante de hace ya varias ediciones. Es, también, una defensa de los libros malos y una crítica impecable a varios personajes del mundillo intelectual que, por alguna razón, suelen tener un ego un tanto aburridor. Ahí les dejo:
“La estructura del mundo de los libros me resulta opresora; me incomoda y me pone de mal humor. Con frecuencia me pregunto: ¿cómo es posible que la gente de libros diga que adora los libros cuando mira con desdén el 90% de los que se publican? No sólo menosprecian a Stephen King; también los libros de autoayuda, los de mesas de café y las biografías basura. Les encanta sostener discusiones intensas sobre lo que es un “verdadero libro” y lo que no. (Mi respuesta asombrosa y original en este punto tan cansón es: todos son libros, por Dios Santo). Creo que lo que le gusta a esa gente no son los libros: les fascinan sus propios estándares y sus fantasías sobre cómo debe ser la literatura.”
“¿Pero qué me dices de todos los libros pésimos que a uno le han gustado? ¿Qué me dices de todos los libros para tirar a la basura con los que uno ha pasado un rato estupendo? ¿Qué me dices de los libros que uno nunca termina pero que disfruta? ¿Qué me dices de tus malos hábitos de lectura? Todo esto también forma parte de una rica vida de lectura y escritura”.
Camilo, de acuerdo. Muchas de las frases de Ampuero son bastante obvias, por eso decía en alguna parte de la reseña que las reflexiones sobre la infidelidad, el matrimonio y las relaciones de pareja se desperdician al estar plagadas de lugares comunes.
Y en cuanto a si libros “estúpidos, metaestúpidos e inmorales” son necesarios, yo planteo la siguiente reflexión: alguna vez escuché que si desde los 18 años se lee con juicio un promedio de 50 páginas diarias a los 70 uno habría alcanzado a leer alrededor de 2000 libros, como máximo. Si miramos la morralla editorial actual y luego el volumen de la obra de Shakespeare, Balzac, Proust o Tolstoi, creo que la conclusión resulta obvia. Ya le respondía yo a Franco en un comentario anterior que lo de “perder” o no el tiempo de lectura con libros de este estilo depende, claramente, de los intereses de cada cual. Sin embargo, espero el artículo de El Malpensante… Habrá que ver.
Pero, a mi es que lo de los 2000 libros me deja pensando… ¿a ustedes no? Estoy segura de que la vida no me va a alcanzar para leer todo lo que quiero…
Me acordé de una caricatura de Quino que era más o menos así: un viejo de gafas y pipa aparece sentado en medio de la enorme biblioteca de su casa; está rodeado de libros por todas partes -los cuales ha leído toditos-, pero tiene un rostro de profunda angustia. Abajo se lee el siguiente letrero: "Y ahora... ¿qué?"
Mi tiempo de lectura es limitadísimo, porque paradójicamente me la paso leyendo. Después de 9, 10 horas al día recostado sobre manuscritos provoca muy poco abrir un libro cuando llego a casa. Quedan pues los fines de semana, las madrugadas (duermo poco). Pero entonces ¿a qué horas beber, a qué horas amar, comer, ver una peli?
Por otro lado, creo que si una persona lee bien 100 libros en la vida salva de la estulticia al menos una puntica de su alma.
Siempre he pensado que es muy atrevido juzgar. Antes al contrario siempre pensé que como todas las cosas los libros te gustan o no te gustan y para saberlo primero, esto es una obviedad, hay que leerlos. Después de haber leído la mitad de lo que dice Juliana que habré leído si vivo para llegar allí, solo me atrevo a decir que algunos no me gustaron, o no lo suficiente, pero creo que de todos aprendí, y sólo con eso me parece que ya mereció la pena haberlos leído. No dejo este comentario sin concluir que te falta algo de lo que siempre has hecho al escribir sobre literatura o cine, dicho de otra manera creo que empiezas a adoptar una posición que está muy cerca de la neutralidad, constatas hechos, cosas, pero hecho de menos a la Juliana que se moja en cada comentario, te estás pasando a un terreno "profesional" y de momento no me gusta. Espero que entiendas lo que digo pues es evidente que juzgas negativamente la obra pero no juzgas el muestrario que nos dejas después.
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Mi querido Manolo,
Primero que todo, gracias por la crítica. En este blog sabes que se valoran mucho los comentarios, especialmente cuando vienen de alguien que te lee a menudo, te conoce y sabe cómo piensas.
Con respecto a lo de juzgar, a mi no me parece atrevido. La literatura está ahí para que los lectores la compremos, la leamos, la disfrutemos y la critiquemos. Y estoy de acuerdo con que todos los libros dejan algo, pero unos más que otros y por eso vale la pena escoger con cuidado. Es ahí donde me parecen útiles las reseñas y los comentarios de otros, porque dan luces sobre lo que de una u otra manera merece más la pena… Por ejemplo este comentario, a pesar de que critica el libro, ha motivado a algunos a leerlo.
Pero tienes razón con lo de las frases. Aunque critico algunas por obvias dentro del texto, a lo mejor no me mojé lo suficiente al comentarlas. Pero te confieso la razón: se trataba de generar una discusión a partir de los comentarios de los lectores… que finalmente cogieron por otro camino, también muy interesante.
Y que sepas que estuve tentada, como otras veces, a descolgar esta reseña. A veces ese tono “profesional”, para usar tu adjetivo, tampoco estoy demasiado segura de que valga la pena.
http://www.delamanchaliteraria.blogspot.com/
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