miércoles, enero 23

De ida y de vuelta...

Volví, sí. Y no sólo a este blog sino también a Colombia. Y había decidido abandonar definitivamente este espacio ante la imposibilidad de encontrar un texto que pudiera cerrar, de alguna manera, toda mi experiencia europea, hasta que alguien me hizo la difícil pregunta de qué era lo que había aprendido.

Ese alguien, sin saberlo, me obligó a sacar todas mis libretas con apuntes del viaje (que tenía medio arrinconadas esperando reunir más fuerzas), también a releer mis bitácoras y de paso a remover y escarbar en todos esos meses intensos, tal vez los ‘más’ de mi vida por lo desbordados de energía, de expectativas, de descubrimiento y de entusiasmo.

Y me sorprendió encontrarme fuerte. Fue esa fortaleza la que me dio el impulso para redactar estas líneas que son apenas una parte de todo lo aprendido durante esos 4 meses y 14 días, aunque a lo mejor sólo descubrí el Mediterráneo…

APRENDÍ...

* Que la vida del común de los mortales suele ser bastante aburrida (sea en Madrid, en París, Cali, Medellín o Bogotá) y que yo no tengo interés en parecerme en ellos, en absoluto. Como recuerda Pedro Sorela a Stendhal en su ensayo Dibujando la tormenta: “la única desgracia es llevar una vida aburrida”. Entonces, cuésteme lo que me cueste (que cuesta mucho, sin duda) esquivaré todos los tópicos de la sociedad moderna culpables de ese aburrimiento –el matrimonio tradicional, la casita “feliz”, la pareja “ideal”, el trabajo “estable”, etc., etc.– a ver si de pronto lo consigo.

* Que la modernidad es una moto sobrevendida y sobrevalorada que ha conseguido, entre otros adefesios, que se parezcan entre si lugares más que disímiles (el SonyCenter de Berlín no dista mucho de un complejo ultramoderno de Miami) y que ha empequeñecido tanto el alma de la gente que la mayoría puede pasar más tiempo frente a una tienda Louis Vuitton mirando detenidamente cada artículo que no puede comprar que el que gastaría frente a obras de arte.

* Que hay que escapar siempre de las postales, de los parques temáticos y de las reconstrucciones postizas porque distorsionan y contaminan la verdadera esencia de los lugares y las cosas (Nunca hubiera podido enamorarme de Van Gogh por un afiche ni nadie podrá captar la dimensión de la Torre Eiffel si la ha visto demasiadas veces en fotografías).

* Que cada lugar esconde siempre una maravilla, por lo general no demarcada en las guías turísticas (como el viento cantante de Bruselas, el cielo despeinado de Cádiz, la estatua de Becquer en el parque Maria Luisa de Sevilla o la panorámica de La Concha desde el Monte Igueldo…)

* Que lo que importa no son los souvenirs ni las fotos-postal sino el aprehendizaje de lo vivido.

* Que el arte consiste, entre otras cosas, en apropiarse de la realidad para reinterpretarla. (Me lo habían dicho muchas veces y lo ratifiqué, entre otras ocasiones, con los dibujos de Giacometti de París, o viendo a un novelista excepcional haciendo dibujos llenos de sentido…)

* Que hay estelas que se enamoran de un cielo y se vuelven nubes para poder quedarse (como en Cádiz al atardecer, o las de Paris convertidas en nubes-pastel… De intentarlo, a lo mejor hubiera conseguido yo también volverme nube…y me hubiera convertido en la única del “mar de Madrid”, ¡qué maravilla!, sin contar que no hubiera tenido que marcharme).

* Que todos los hombres pequeños intentan darse en muerte, con tumbas o monumentos, la altura que no tuvieron en vida (Napoleón en Les Invalides o Franco en el Valle de los Caídos. …como si la grandeza radicara en el tamaño de las piedras…)

* Y que los árboles tienen personalidad. (Eso de que pierdan las hojas en otoño puede ser sólo vanidad, o una excusa para dejar ver la otra ciudad que se esconde debajo de sí misma. En Madrid, por ejemplo, era como si solo con la calvicie de los álamos fuera posible descubrir los pinos en las avenidas, tan propicios para la temporada navideña).

* Que los bosques no siempre están en las afueras (y que a veces hasta tienen gracia los del propio cuerpo).

* Que los monumentos tienen su ciencia. Una cosa es una estatua de Juan Bravo en la mitad de Segovia y otra muy distinta es el monumento a la quema de los libros en el centro de Berlín. O sea, que los monumentos pueden revelar el carácter de los lugares y de sus habitantes (como a un barrio de Medellín lo explica una estatua de Pablo Escobar en el centro de su Plaza o a un pueblo de Antioquia una de Juanes).

* Y que lo peor del Holocausto o del Muro de Berlín no es que hayan tenido lugar sino que en cualquier momento pueden volver a ocurrir, como bien lo decía Primo Levi. (¿Acaso no estaban ¿están? los norteamericanos levantando un muro en la frontera con México?). Lo peor es que la humanidad no está ni estará nunca exenta de ese tipo de barbaries porque podrán cambiar los tiempos pero no condiciones inherentes a la mayoría de los seres humanos como la ambición de poder, de control territorial, la codicia y el nacionalismo.

* Que el arte es una experiencia lenta y escalonada (por eso hay que estar en permanente contacto con él) y que sólo éste puede calmar una agravada melancolía de domingo.

* Que pararse frente al futuro asusta tanto como hacerlo ante la belleza: el miedo de no saber si estarás a la altura.

* Que somos una civilización en decadencia. Basta ver lo que hacían los egipcios 2700 años Antes de Cristo o los griegos o … para ver cómo se equivoca esta época interesándose sólo por la ciencia para retardar lo inevitable, olvidándose a su vez de que la inmortalidad sólo se consigue a través de la creación y del espíritu.

* Que es mejor ver poco, despacio, que mucho, con afán. Que es mejor viajar solo en buena compañía (aunque ésta esté lejos) que acompañado en soledad.

* Y que la intensidad de una tormenta no depende del tiempo en el que cae la lluvia.

* Que las roscas del poder, del periodismo y la política son iguales en todo el planeta y que hay pocas maneras de escapar.

* Que para desarrollar un proyecto de vida intelectual no es necesario escoger entre un arte u otro sino profundizar en uno alimentándose de todos los demás.

* Y entendí el porqué de mi sensibilidad ante el amor a partir de mi sensibilidad por la belleza: el amor es, sin duda, la más grande de todas las bellezas posibles.

* Que la belleza no radica en la juventud y que muchas veces la aumentan los años (ahí el busto de Nefertiti para verificarlo…)

* Que el viaje que importa es aquel en el que las piedras no impiden ver el atardecer.

* Que la globalización es un eufemismo de unión y de igualdad que mientras homogeniza separa, velando siempre, en lo posible, su único interés económico.

* Y que hay que aprender a irse... pero necesito volver. Porque no me basta con haberlo visto todo solamente una vez y porque me queda todavía mucho por descubrir. Y por compartir…

2 COMENTARIOS:

Camilo Jiménez dijo...

Vaya, ¿y con todo eso que te trajiste no te cobraron un montón de plata por exceso de equipaje? Parece que valió la pena. Hay una fracesita de mi músico favorito que va en el mismo sentido de varias ideas que pones en este bello post; es de Lou Reed y dice: "mi semana es más larga que tu año". Así se vive. Bienvenida. Ah, y me gustó mucho eso de "aprehendizaje".

Humberto Acciarressi dijo...

Querida Juliana: Para variar, bellas palabras para transmitir bellas ideas (hay un par de cosas con las que voy a reflexionar si estoy totalmente de acuerdo, pero de eso se trata esto en lo que andamos). Como creo haber escrito por aquí, se te estaba extrañando en este mundo donde no siempre se tiene la fortuna de encontrar buenas plumas, almas sensibles e ideas que ayuden a replantear enfoques. Por lo pronto, te mando un beso desde Buenos Aires y bienvenida a tu tierra americana.