EL OTRO LADO DE LA CAMA
Es difícil decir que es lo que más me gusta de esta película. Por un lado, los personajes son tan verosímiles, tan reales, que parece que ves en la pantalla a tu mejor amigo, a tu vecino, incluso que te ves a ti mismo. Y luego está el guión, escrito por David Serrano, con unos gags tan inteligentes que uno no puede parar de reírse.
La actuación de Willy Toledo es también estupenda. Lo vi hace poco en su última película Salir pitando y me convencí de que este es un maestro de la interpretación tragicómica. ¡Ay, Cómo nos hace de falta uno de estos actores en Colombia! En fin, el elenco en su conjunto encaja de maravilla.
Pero sin duda, lo que más me gusta de El otro lado de la cama es el argumento sobre el que se soporta el filme, que todo momento nos está recordando la complejidad de las relaciones de pareja, cuando nunca nos sentimos del todo satisfechos y buscamos por ahí lo que no se nos ha perdido.
La historia va más o menos así: Javier y Pedro son mejores amigos. Javi es novio de Sonia y Pedro de Paula. Javier se enrolla con Paula, que deja a Pedro, que a su vez se enrolla con Sonia. La cuestión es que ninguno se entere de nada. Y el chiste está en eso: en cómo Pedro le repite a Javier, cuando intuye que Sonia lo engaña, los consejos que éste le dio cuando Paula lo dejó por otro. Además, el truco está en ese juego fácil en que el espectador sabe lo que el protagonista no y entonces lo ve como idiota y flipa de risa.
Y en medio del rollo, un amigo taxista cuya filosofía de la vida hace reír, por su sinsentido (como cuando dice que los problemas de este país se reducen a que la gente no folla…) Yo no sé, pero he visto la película dos veces y cada vez me parece más chistosa.
Pero, humor aparte, tal vez lo que hace que El otro lado de la cama sea para mí una película memorable es la reflexión que propone en una escena casi al final de la cinta: Pedro acaba de hacer el amor con Sonia y está dormido en su cama. Sonia se ha ido y Paula, que viene de un mal fin de semana con Javier, vuelve a la casa de Pedro. Entra con unas llaves que todavía conserva. Se quita la ropa, se mete en su cama e intenta seducirlo. Pedro, que lleva varias semanas intentando recuperarla, trata de resistirse pero termina cediendo. Luego del sexo, en uno de los mejores juegos de monólogo interior que yo haya visto, los pensamientos de Pedro y Paula se funden en uno, diciendo:
Pedro: Si se lo digo a Javier, que he vuelto a acostarme con Paula, se lo dirá a Sonia y yo tampoco quiero que…
Paula: …que lo sepa Javier porque yo todavía no tengo las cosas demasiado claras y la verdad es que los quiero a los dos…
Pedro: ...y no quiero tomar una decisión así, a lo loco. Esta noche ha sido la mejor de mi vida, una detrás de otra, parece mentira. Pero con Paula no sé si…
Paula…si las cosas van a salir mejor que antes. A Pedro le quiero mucho pero a Javier también y los problemas que hemos tenido…
Pedro: …creo que se podrían solucionar, o la mejor son demasiado graves como para…
Ya en voz alta, Paula le dice: Perdro, creo que deberíamos tomárnoslo con un poco más de calma…
Pedro: sí, me parece bien…
Entonces, para mí la reflexión es la siguiente: Cansados de la modorra en la que solemos caer con el tiempo las parejas, hartos de tanto amor, de tanta seguridad, del mismo sexo, salimos a la calle en busca de novedad y, al encontrarla, la tomamos de golpe, sin medir muchas veces cuánto arriesgamos. Y como en la vida todo suele ser repetitivo –y se repite simplemente porque somos nosotros mismos los protagonistas- lo nuevo pasa a ser rutinario y volvemos al mismo punto de partida. Ante la disyuntiva de tener que elegir, el corazón se debate entre la seguridad y la fantasía, sentimos miedo de arriesgar esta vez y el apego, por lo general, termina ganando.
En una sociedad tan poco prejuiciosa como la española (en estos días aquí he podido ver sus pautas de libertad sexual, la facilidad para el sexo casual y las relaciones extramatrimoniales) creo que esta película propone esta mirada interesante mientras hace una radiografía más que verosímil de los españoles entre los 30 y los 50 años. Y me parece que el planteamiento es sugestivo sencillamente por una razón: las relaciones sentimentales entre los seres humanos son tan básicas, tan instintivas, o, lo que es peor, tan repetitivas, que a veces es mejor no echarles demasiada cabeza y, más bien, pasar un buen rato para luego reírnos de ellas…
La actuación de Willy Toledo es también estupenda. Lo vi hace poco en su última película Salir pitando y me convencí de que este es un maestro de la interpretación tragicómica. ¡Ay, Cómo nos hace de falta uno de estos actores en Colombia! En fin, el elenco en su conjunto encaja de maravilla.
Pero sin duda, lo que más me gusta de El otro lado de la cama es el argumento sobre el que se soporta el filme, que todo momento nos está recordando la complejidad de las relaciones de pareja, cuando nunca nos sentimos del todo satisfechos y buscamos por ahí lo que no se nos ha perdido.
La historia va más o menos así: Javier y Pedro son mejores amigos. Javi es novio de Sonia y Pedro de Paula. Javier se enrolla con Paula, que deja a Pedro, que a su vez se enrolla con Sonia. La cuestión es que ninguno se entere de nada. Y el chiste está en eso: en cómo Pedro le repite a Javier, cuando intuye que Sonia lo engaña, los consejos que éste le dio cuando Paula lo dejó por otro. Además, el truco está en ese juego fácil en que el espectador sabe lo que el protagonista no y entonces lo ve como idiota y flipa de risa.
Y en medio del rollo, un amigo taxista cuya filosofía de la vida hace reír, por su sinsentido (como cuando dice que los problemas de este país se reducen a que la gente no folla…) Yo no sé, pero he visto la película dos veces y cada vez me parece más chistosa.
Pero, humor aparte, tal vez lo que hace que El otro lado de la cama sea para mí una película memorable es la reflexión que propone en una escena casi al final de la cinta: Pedro acaba de hacer el amor con Sonia y está dormido en su cama. Sonia se ha ido y Paula, que viene de un mal fin de semana con Javier, vuelve a la casa de Pedro. Entra con unas llaves que todavía conserva. Se quita la ropa, se mete en su cama e intenta seducirlo. Pedro, que lleva varias semanas intentando recuperarla, trata de resistirse pero termina cediendo. Luego del sexo, en uno de los mejores juegos de monólogo interior que yo haya visto, los pensamientos de Pedro y Paula se funden en uno, diciendo:Pedro: Si se lo digo a Javier, que he vuelto a acostarme con Paula, se lo dirá a Sonia y yo tampoco quiero que…
Paula: …que lo sepa Javier porque yo todavía no tengo las cosas demasiado claras y la verdad es que los quiero a los dos…
Pedro: ...y no quiero tomar una decisión así, a lo loco. Esta noche ha sido la mejor de mi vida, una detrás de otra, parece mentira. Pero con Paula no sé si…
Paula…si las cosas van a salir mejor que antes. A Pedro le quiero mucho pero a Javier también y los problemas que hemos tenido…
Pedro: …creo que se podrían solucionar, o la mejor son demasiado graves como para…
Ya en voz alta, Paula le dice: Perdro, creo que deberíamos tomárnoslo con un poco más de calma…
Pedro: sí, me parece bien…
Entonces, para mí la reflexión es la siguiente: Cansados de la modorra en la que solemos caer con el tiempo las parejas, hartos de tanto amor, de tanta seguridad, del mismo sexo, salimos a la calle en busca de novedad y, al encontrarla, la tomamos de golpe, sin medir muchas veces cuánto arriesgamos. Y como en la vida todo suele ser repetitivo –y se repite simplemente porque somos nosotros mismos los protagonistas- lo nuevo pasa a ser rutinario y volvemos al mismo punto de partida. Ante la disyuntiva de tener que elegir, el corazón se debate entre la seguridad y la fantasía, sentimos miedo de arriesgar esta vez y el apego, por lo general, termina ganando.
En una sociedad tan poco prejuiciosa como la española (en estos días aquí he podido ver sus pautas de libertad sexual, la facilidad para el sexo casual y las relaciones extramatrimoniales) creo que esta película propone esta mirada interesante mientras hace una radiografía más que verosímil de los españoles entre los 30 y los 50 años. Y me parece que el planteamiento es sugestivo sencillamente por una razón: las relaciones sentimentales entre los seres humanos son tan básicas, tan instintivas, o, lo que es peor, tan repetitivas, que a veces es mejor no echarles demasiada cabeza y, más bien, pasar un buen rato para luego reírnos de ellas…













1 COMENTARIOS:
Acepto, como no podía ser de otro modo, tu análisis general de como se vive hoy el sexo en España. Discrepo si me lo permites en el análisis del tipo de relación que dices es repetitivo. Cada persona es un mundo, tambien en ese terreno, y cada pareja una combinación de dos mundos que, según mi humilde opinión, no generan un tercer mundo entre dos, si no que lo que generan es una serie de relaciones complejas entre esos dos mundos que casi nunca son iguales, sobretodo si la relación es establece en clave de igualdad.
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